Leer es un Milagro

13/11/2014

Paul

Por Paul Dennison, Mayo 2014. Leer: La mecánica de la comunicación

En mis 45 años como profesor de lectura, nunca me he sentado al lado de un niño para escucharlo descodificar símbolos o pronunciar palabras. Y eso es porque, para mí, hacer esto sería hacer el código más importante que el lenguaje que representa.

En mis centros de aprendizaje, los niños siempre estaban ocupados haciendo libros, contando historias que yo había escrito para ellos para que luego ellos hicieran los dibujos. A veces querían escuchar como yo leía en voz alta estos libros, u otras obras literaturas descriptivas o de poesía. O podían estar aprendiendo la escritura cursiva, mientras escribían historias de su propia vida para sí mismos. Estos niños estaban ejercitando activamente sus habilidades visuales, auditivas, motoras y táctiles, y construyendo maneras de integrar estas habilidades  en su propio funcionamiento.

Una gran parte de lo que nos hace humanos es nuestro deseo de contar historias o dicho de otra manera, la necesidad que tenemos de expresarnos. El lenguaje es algo que no nos es ajeno, no hay que ponerlo aparte sino formando parte – es algo por lo que creamos conexiones con nuestro mundo-. A través de la larga historia de nuestro planeta, nuestros antepasados ​​hicieron dibujos que más tarde se convirtieron en un alfabeto, con el fin de registrar, recordar y comunicar sus experiencias. La lectura es el milagro como resultado de estas marcas y símbolos. Los códigos fueron creados y acordados para que más tarde pudieran ser descodificados por otros con el fin de transmitir la cultura a la siguiente generación. Cada niño que aprende a leer y escribir recrea este milagro.

Sin embargo, la humanidad ha asumido durante mucho tiempo que la lectura es una capacidad inherente a todos los niños. Nos olvidamos de que la lectura no es una función natural con la que nacemos, sino que debe ser aprendida. Un niño identificado como disléxico, una dificultad de percepción para aprender a leer, no tiene un problema médico, simplemente él aún no ha experimentado la relación entre el lenguaje con sus propios dibujos o marcas en el papel. Él aún no ha descubierto cómo inventar su propia lectura y así crear su propio milagro.

La lectura, la descodificación y codificación neuronal de símbolos alfabéticos escritos por su significado, es una invención humana que refleja cómo el cerebro se reorganiza a sí mismo con el fin de procesar el discurso escrito. “Los seres humanos nunca nacieron para leer”, escribe Maryanne Wolf, una neurocientífica cognitiva y experta en el desarrollo del niño de la Universidad Tufts. En su notable libro Proust y el calamar: la historia y la Ciencia del Cerebro Lector, explica cómo evolucionó la lectura durante milenios, desde la descodificación de las pinturas rupestres, a los símbolos que se convirtieron en un código alfabético, a las complejas formas de oración que leemos hoy.
Wolf entiende la lectura como lo hacemos en Edu-K, -como la creación y el dominio de un código simbólico léxico que representa la experiencia para su posterior recuperación o re-imaginación. La lectura, una habilidad hecha totalmente por el hombre, que ha ayudado a crear el cerebro humano de hoy en día, implica mucho más que centrarse en la entrada lineal, una palabra o un fonema a la vez. Wolf sugiere que “la evolución de la escritura y el desarrollo del cerebro lector nos proporcionan una perspectiva notable sobre nosotros mismos como especie, como los creadores de muchas culturas de lengua oral y escrita y como estudiantes individuales con diferentes y crecientes formas de inteligencia.”
El cerebro no tiene un lugar o ubicación explícito para la función de la lectura, como la tiene para la vista, el oído, el movimiento y el tacto. El milagro de la lectura requiere la interconexión neuronal de muchas áreas separadas y específicas. A través de una exploración comprometida de símbolos, cada niño se enseña a sí mismo mientras su cerebro hace estas conexiones automáticamente.
No todos los niños aprenden de la misma manera, y aprender a leer, parece más fácil para unos que para otros, del mismo modo que algunos métodos de enseñanza de la lectura funcionan mejor con algunos alumnos que con otros.

Xavier, de 8 años, en el tercer grado, parece que es brillante y curioso, sin embargo, no era capaz de mantener el ritmo de sus compañeros de clase en la escuela. Cuando sus padres lo llevaron a una evaluación privada, sus resultados mostraron que estaba más de un año por debajo del nivel de lectura, escritura y ortografía correspondiente a su grado. Gracias a una referencia, me trajeron a Xavier para que lo viera. Cuando leía para mí en mi oficina de su libro de lectura de la escuela, señalaba una palabra cada vez y y la leía en voz alta, pronunciando cuidadosamente cada sílaba siguiendo las instrucciones que le había dado su maestro. Cuando se le preguntó sobre lo que recordaba y se le dijo que explicara lo que había leído, sólo fue capaz de recordar una o dos palabras aisladas.
Durante su sesión, Xavier escogió, de un póster de la pared, las actividades de Brain Gym® que quería hacer. Juntos hicimos la Marcha Cruzada, 8s perezosos, el bombeo de la pantorrilla, la Flexión del pie, la Activación del brazo, y el deslizamiento de la gravedad. En el proceso, tanto sus padres como yo lo vimos pasar de una postura pasiva a una forma de estar en más en sí mismo y de hablar de forma más activa.
Para ayudarle a que la lectura fuese más significativa para él, invité a Xavier a que se hiciera amigo de 15 de sus propias palabras favoritas. Sus padres y yo compartimos su emoción al pensar en las palabras y yo las escribí para él en tarjetas: elefante, palomitas de maíz, avión, cebra, y así sucesivamente. Xavier estuvo de acuerdo en que todos los días iba a trazar las letras de cada palabra con sus dedos mientras decía la palabra en voz alta y pensaba acerca de su significado. En el momento de despedirse ese día, ya reconoció las palabras elefante y cebra al verlas.
Después de dos semanas trazando sus palabras y haciendo las actividades Brain Gym® con sus padres, Xavier regresó a mi oficina listo para leer de nuevo para mí. Pude observar por la forma en que estaba sentado y sostenía su libro que ahora estaba experimentando un sentido del equilibrio mejor. Ahora era capaz de seguir la línea y mover sus ojos horizontalmente a través de ella cruzando el campo medio sin mover la cabeza excesivamente. Estaba leyendo con fluidez, de la misma forma que hablaba, en lugar de centrarse en los fonemas separados, sin esfuerzo, con entusiasmo y plena comprensión, mi definición de comprensión de la lectura. Celebramos un milagro, ya que Xavier estaba ahora en condiciones de expresar lo que había leído en sus propias palabras. ¿Cómo, se preguntaban sus padres, un par de movimientos y actividades tan simples habían ayudado a Xavier a leer mucho más efectivamente?

Debido a que aprender significa añadir lo nuevo a lo viejo, el flujo natural de aprendizaje de la lectura comienza con el reconocimiento de lo que ya sabemos. Se requiere que simultáneamente se mantenga aquello con lo que ya se está familiarizado (almacenado como un código verbal) y relacionarlo con la nueva información, que entra, asociándolo a esta experiencia. La lectura es, ante todo, un flujo de lenguaje comunicativo. Las habilidades visuales como apuntar con los ojos a cada palabra son, aunque importantes, incidentales en el proceso mental de la lectura, y han de ser automáticas y libres de estrés para que se den sin inhibición los procesos auditivo-lingüísticos. El discurso significativo siempre debe preceder -nunca debe seguir- al análisis visual del código.

La lectura efectiva del código con sentido requiere, tal como lo hizo para nuestros antepasados​​, tener integradas las áreas del cerebro para las habilidades de la audición (decir), la vista (ver), la cinestesia (escribir), y el tacto (sentir), así como la capacidad de interpretar la información recibida, como significativa al relacionar lo nuevo con las experiencias anteriores.

Cuando los estudiantes como Xavier parecen disléxicos, el análisis de sonidos inconexos en una progresión lineal oyendo una palabra o una sílaba cada vez, hace que no les sea posible reconocer los símbolos dentro de un contexto de lenguaje expresivo inmediatamente, se pierden en los detalles para descifrar el código y no son capaces de escuchar el contenido. En mi trabajo con los niños diagnosticados como disléxicos, hago hincapié en que la lectura (y, de hecho, todas las habilidades de lenguaje y literatura, incluyendo la escritura y la ortografía) tienen que ser experimentadas en el campo visual medio, donde se puede acceder al mismo tiempo a los hemisferios cerebrales izquierdo y derecho, tanto para el reconocimiento inmediato de la nuevo como para simultáneamente romper el código neurológico y meterlo dentro del lenguaje familiar.

El milagro de la lectura requiere un reconocimiento inmediato de la nueva información en un contexto significativo, seguido por la confirmación de los símbolos o del código, no al revés como se enseña habitualmente. Así, el flujo natural de aprendizaje requiere una percepción fresca dentro de un contexto de experiencias previas. Aprendemos los símbolos tan bien que casi no nos damos cuenta de que están ahí.
Como ha dicho el psiquiatra y escritor Iain McGilchrist en su libro El maestro y su emisario: El Cerebro Dividido y la creación del mundo occidental “, la primera aprehensión de algo es por el hemisferio derecho, mientras está ahí sigue siendo nuevo. . . pronto se absorbe por el hemisferio izquierdo, donde se convierte en familiar. El conocimiento de la totalidad es. . . seguido por el conocimiento de las partes “.
Proust y el calamar: la historia y la Ciencia del Cerebro de lectura, Maryanne Wolfe, © 2007, HarperCollins.
¡Ya sé leer!: La Alfabetización vista por un niño, Prisca Martens, 1996, Heinemann. Este valioso librito ofrece información de Marta como profesora de enseñanza de idiomas durante tres años de exploración de su hija Sarah en la lectura y la escritura a través de la observación que le hizo entre dos y cinco años de edad por iniciativa propia . Este punto de vista puede ayudarnos a reconocer las maneras en que los niños (en nuestro mundo moderno, rodeado de medios de comunicación escrita) saben leer y escribir de forma natural, y cómo se “inventan” la escritura y la lectura por sí mismos, cuando se les da la oportunidad. Nos ofrece muestras de lectura y escritura presentadas por Sarah como investigadora física que construye símbolos activamente.

* En Edu-K mantenemos experiencias fonéticas separadas de la lectura. Para más información sobre nuestro enfoque del lenguaje holístico y movimiento para leer, ver: 5 Minutos para mejorar la fluidez en la lectura; Lectura Independiente: Una Ruta de Aprendizaje Auto-Iniciado; Descubriendo el campo medio de la lectura

© 2013 por Paul E. Dennison. Reservados todos los derechos.
Brain Gym® es una marca registrada de la Fundación Internacional de Kinesiología Educativa Brain Gym® Edu-K® /. Haga clic en “www.braingym.org” para ver el nombre de un instructor cerca de usted.

Deja un comentario