El movimiento y los patrones reflejos -04-

16/02/2017

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El movimiento y los patrones reflejos -04-

El movimiento es la llave.

Para conseguir que nuestro cerebro se desarrolle plenamente, es necesario que el recién nacido tenga libertad de movimientos en un ambiente de seguridad.

El bebé necesita recibir el cariño y el contacto de sus allegados de forma continuada. Estas relaciones le ayudan a desarrollarse en plenitud. Se ha demostrado que los bebés que no reciben estímulos afectivos o que no se sienten seguros en su hogar presentan dificultades en su desarrollo posterior.

Con nuestro afán de proteger al bebé, ocurre que, cada vez con más asiduidad, disponemos de artilugios que, sin darnos cuenta, coartan la libertad de movimientos del bebé.

Si un bebé se pasa muchas horas en una sillita o sin poder moverse libremente, no puede desarrollar la movilidad de sus extremidades de igual forma que si lo dejamos en el suelo. El suelo es nuestro gran aliado para conseguir el desarrollo pleno de todas las capacidades que subyacen en nuestro potencial cerebral.

Cuando nuestra “prisa” por conseguir “buenos resultados” pasa por delante del proceso de maduración natural, dificultamos con nuestra actitud que el niño asiente los movimientos básicos antes de poder establecer los que van después, es decir, ponemos el carro por delante de los bueyes.

Esto ocurre, por ejemplo, cuando ayudamos con artilugios compensadores a que nuestro hijo ande sin que haya realizado plenamente el proceso de reptar y de gatear.

Cuando lo hacemos, no somos plenamente conscientes del peaje que ese hecho le supone al niño en etapas posteriores de aprendizaje y en su vida.

Como consecuencia de estas prisas, siguiendo un ejemplo típico de falta de maduración de los movimientos primarios, el niño que no ha gateado o bien no ha podido hacer todos los movimientos que necesita durante el tiempo que le hace falta a su propio ritmo, en general, no ha tenido tiempo de integrar habilidades fisiológicas necesarias para desenvolverse en la vida como puede ser su lateralidad, es decir que no tenga claros cuales son sus lados del cuerpo y confunda la derecha con la izquierda. Siguiendo con este ejemplo, al cabo de un tiempo se le “diagnostica” dislexia porque no es capaz de leer o escribir de forma clara u ordenada.

Para nosotros este diagnóstico es en la mayoría de los casos una falta de madurez de las redes neuronales por falta de respeto del ritmo natural del desarrollo de los sistemas de movimiento  innatos.

La tendencia actual en nuestra sociedad potencia en los niños un movimiento menor de lo que lo hacía en décadas anteriores.

Esta tendencia a “poner el carro delante de los bueyes” se está estableciendo en nuestra sociedad de forma inexorable y cada vez nos encontramos con mayores problemas de aprendizaje relacionados con esta falta de maduración fisiológica.

Como muestra de ello podemos ver el gráfico publicado en el libro Reflexes: Portal to Neurodevelopment and Learning un trabajo colectivo editado por el Instituto Svetlana Masgutova Educational Institute, en el que podemos comprobar esta creciente tendencia. 

Los resultados de esta investigación muestran que la integración de 30 reflejos primarios entre 1989-2006 en un grupo de 730 individuos (entre 2 y 19 años) con un desarrollo neurológico normal se situaba en un rango medio normal (de color azul en el gráfico).

Los resultados recogidos entre 2007-2013 en 780 individuos muestran que la integración de reflejos en la misma tipología de individuos han cambiado. En esta nueva media “normal” el nivel de integración de los reflejos primarios ha decrecido hacia una puntuación más baja (de color rojo en la gráfica).

Nosotros reivindicamos el derecho a un desarrollo natural del movimiento permitiendo que los niños completen todas las etapas de desarrollo motor antes de pedirles que aprendan conceptos para los cuales no han desarrollado todavía sus habilidades fisiológicas.

Reivindicamos el juego, el movimiento, el desarrollo pleno y la integración real del esquema corporal antes de “programar” actividades que corresponden a etapas madurativas posteriores como la lectura, la escritura, el ordenador, las tablets….

Los niños necesitan madurar durante la etapa de Educación Infantil, es decir hasta los 6-7 años, para poder desarrollar su pleno potencial.

Nuestra perspectiva se apoya en los resultados de ciertas investigaciones llevadas a cabo por la Fundación Internacional Edu-K® Brain Gym®, el Instituto Masgutova y otros que se han tomado muy en serio la necesidad del desarrollo y la maduración de los movimientos y el respeto a poder madurar en nuestra etapa infantil todos estas fases para poder lograr ser personas desarrolladas plenamente.

Isabel Compan Fernández, Febrero 2017

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