El movimiento y los patrones reflejos -02-

02/02/2017

IMG_5934El movimiento y los patrones reflejos -02-

Al nacer disponemos de un programa de desarrollo físico que seguimos a un ritmo propio.

Sigamos un ejemplo: durante la lactancia sólo podemos alimentarnos mamando. Más adelante aparecen los dientes y con ello la posibilidad de ser autosuficientes en nuestra alimentación. Así podemos pasar a comer “de todo” a partir de una cierta edad.

De forma similar, para conseguir un desarrollo completo del cerebro necesitamos realizar un programa completo de movimientos. Así podemos desarrollar nuestras habilidades motoras y sensoriales plenamente.

La falta de movimientos conlleva un alto peaje para el cerebro y para el desarrollo. Éste llega a medida que pasa el tiempo.

A medida que nos movemos, realizamos “acciones” y acumulamos “experiencias”. Nuestro “aprendizaje” se basa en nuestras experiencias.

Al repetir determinadas acciones, desarrollamos mecanismos de respuesta automáticos que se asientan en nuestras conexiones o redes neuronales. El hecho de almacenar estas respuestas automáticas en nuestras neuronas y redes neuronales se conoce como aprendizaje.

Cuantas más acciones hacemos, más respuestas reactivas requerimos a nuestro cerebro, más movimientos hacemos, es decir, más aprendemos y mejor asimilamos lo que hemos aprendido.

Responder de forma rápida y eficaz hace que el cerebro desarrolle “las redes neuronales de respuesta”. Estas redes se desarrollan en base a la necesidad de responder eficazmente a los estímulos (internos o externos) y a nuestras necesidades de desarrollo personal.

Cada persona desarrolla sus “propias y únicas redes neuronales” en función de sus necesidades específicas. A este fenómeno se le conoce como “plasticidad cerebral”.

La plasticidad cerebral es la capacidad que tiene el sistema nervioso de cambiar y ampliar su estructura y sus redes neuronales a lo largo de toda la vida. Eso implica que funcionamos adaptándonos continuamente a las demandas de nuestro entorno y de nuestras necesidades.

Aunque este término se utiliza hoy día en psicología y neurociencia, se utiliza para referirse a la los cambios que se dan a diferentes niveles en el sistema nervioso, sean estructuras moleculares, cambios en la forma de las estructuras de las redes y del comportamiento.

Una investigación llevada a cabo por científicos de la University College London, que se aplicó a 16 taxistas  de Londres demostró como la parte posterior derecha del hipocampo de los taxistas londinenses con experiencia era significativamente mayor, en comparación con conductores que hacían de sujetos control. Mediante resonancia magnética se pudo demostrar como la parte posterior del hipocampo era mayor, y, además, cómo la parte anterior era más reducida con respecto a la de los sujetos de referencia.

Por este hecho se demuestra además que existe una correlación positiva entre años de experiencia en la conducción de los taxistas y el tamaño mayor de la zona derecha posterior del hipocampo y la menor de la zona anterior. Esto se debe a que en esta zona posterior derecha del hipocampo se encuentran las células de lugar que se activan ante la exposición de un lugar determinado del entorno para la orientación espacial. La parte anterior es inferior a la de los sujetos control porque ésta se encarga de la codificación de los nuevos diseños del medio ambiente. Los taxistas londinenses mediante una mayor representación espacial de Londres, han incrementado la comprensión de cómo las rutas y lugares se relacionan entre sí.

Estas pruebas indican  que existe plasticidad en la estructura del cerebro humano adulto ante la exposición a estímulos del medio ambiente. Los taxistas memorizan los nombres de las calles, su ruta y por consiguiente los planos de la ciudad donde trabajan, estimulan de una manera asombrosa su orientación, por lo que no es de extrañar que se refuerce la parte del hipocampo que se encarga de esta capacidad. Tal y como ha demostrado esta investigación (http://psiqueviva.com/el-cambio-estructural-del-hipocampo-en-taxistas/).

La mayor parte de nuestros aprendizajes se producen durante la infancia, pero la experiencia modifica el cerebro a lo largo de toda la vida. Así, nunca es demasiado tarde para aprender y son muchos los estudios que han puesto de manifiesto la flexibilidad del cerebro adulto.

Seguimos hablando del mismo tema la próxima semana….

Isabel Compan Fernández, Enero 2017

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