El Mapa del Movimiento

22/01/2015

MovMap

El Mapa del Movimiento

Revista Edu-K®

Julio de 2013

Cuando ves una imagen, cuando escuchas una palabra mapeas: vuelves a la escuela a estudiar geografia o sigues los partes de tráfico en tu móvil.

Piensa en los términos mapa de movimiento,

¿Qué ves?

Cuando yo lo hago, mi mente se queda en blanco, así que decidí investigarlo. Aquí tenéis una pequeña muestra sobre lo que he aprendido acerca de este asombroso concepto.

1. Existe más de un mapa:

Según los escritores científicos, Sandra y Mathew Blakeslee, “Aspectos del mundo exterior y de la anatomía corporal son sistemáticamente mapeados en el tejido cerebral” (Blakeslee, Sandra and Matheu. El cuerpo tiene su propia mente).

Esta idea de que el cuerpo mapea se ha desarrollado recientemente en neurociencia. Y existen una multitud de mapas: desde el primer contacto y los mapas motores hasta los mapas para áreas y partes específicas del cuerpo.

Muchos de estos mapas se almacenan en el córtex, pero algunos de ellos estan almacenados en el cerebelo. Y se pueden expandir para incluir objetos tan útiles como los cubiertos y el espacio alrededor del cuerpo.

2. Los mapas pueden cambiar (y de hecho hacen cambios)

Los mapas corporales se conforman tempranamente y son actualizados de acuerdo a heridas, enfermedades, experiencias… Cuanta más demanda se haga de una zona particular (pensad en un músico que ensaya constantemente).

Un estudiante del método Feldenkrais, Todd Hargrove apunta el hecho de que el tipo de movimiento implica demasiados aspectos: los movimientos que lideran mayormente los cambios en la calidad de los mapas son movimientos curiosos, exploratorios, novedosos,interesantes, ricos en entradas sensoriales, lentos, suaves, conscientes, no dolorosos.”

3. Los mapas internos nos ayudan a orientarnos

Paul Dennison nos sumerge de lleno en el proceso: “…encontrar nuestro propio camino es mucho más que leer direcciones o entender un mapa.

Con el fin de facilitar el hecho de seguir direcciones externas, necesitamos tener un mapa interno. Este mapa interno se forja gracias a nuestros propioceptores -que Paul llama las células cerebrales de los músculos- que nos dan información sobre la localización de nuestra cabeza, manos u ojos en relación con otras áreas del cuerpo.

Las claves extrínsecas o estrategias pueden ayudarnos a encontrar nuestra orientación. En cuanto a una persona le es posible encontrar su propio centro interno – identificar en donde se encuentra en términos de su mapa propioceptivo, puede sentir cómo se mueve en el espacio, de ese modo actualiza su mapa externo y lo hace también más legible.”

4. Orígenes tempranos de la neuroplasticidad

En los inicios del siglo veinte, las preguntas acerca de la relación exacta entre las funciones cerebrales y las partes del cuerpo incentivaron el descubrimiento del mapa de movimiento. Con animales de laboratorio, los científicos se dieron cuenta de que ciertos músculos se movían cuando se estimulaban ciertas áreas del cuerpo. Sin embargo, en lugar de descubrir un modelo predecible para especies determinadas, descubrieron que los mapas era “tan individuales como la huellas digitales”, y éstos cambian incluso cuando se vuelve a examinar el mismo animal, es decir, al ser retestado (Begley Sharon. Entrene su mente: cambie su cerebro 26-30). Después de esto nos ha costado casi un centenar de años más el que la teoría de la neuroplasticidad sea ampliamente aceptada.

De la Guía del usuario del cerebro de Jonh Ratey M.D pag. 156:

El movimiento es fundamental para que exista un cerebro. Es interesante tomar conciencia de que sólo un organismo que se mueve de un lugar a otro, requiere cerebro.

Las plantes aumentan sus posibilidades de fotosíntesis girando sus hojas hacia el sol, pero eso se hace mediante el crecimiento de las células, no cambiando su posición.

Un diminuta criatura marina conocida como la ascidia, ilustra este punto. En la primera parte de su vida la ascidia nada como un renacuajo. Tiene un cerebro y un cordón nervioso para controlar sus movimientos. Sin embargo, cuando madura, se adhiere permanentemente a una roca. A partir de ese momento, el cerebro y el cordón nervioso son absorbidos y digeridos gradualmente. La ascidia consume su propio cerebro, pues no le hace ya falta.

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