Disfraces del miedo

12/02/2015

Mar

Disfraces del miedo

Nuestras emociones nos ayudan a movernos en este mundo de una forma activa. Cada una de ellas está diseñada para una función específica y por ello nos permiten mantenernos vivos en el entorno en el que nos desenvolvemos. Su intención es apoyarnos para ser.

Entre todas las emociones nos encontramos con el miedo.

El miedo es una emoción muy poderosa y se disfraza de muchas formas, tiene muchas caras.

Parece que el miedo no existe (negarlo o ignorarlo) en nuestra vida habitual pero emerge siempre en cada una de nuestras acciones cotidianas ya que esta emoción es visceral.

Su función es la de mantener nuestra integridad y eso la hace pertenecer al cerebro de supervivencia que es el más básico de los que nos conforman.

Cuando una madre “vigila” a su hijo, lo hace para que “no le pase nada”.

Esta forma de actuar, muy comprensible y natural, puede desembocar en una sobreprotección excesiva disfrazada de “amor” y en una creencia. Te quiero tanto que voy a quitarte todas las piedras del camino para que no tropieces con ninguna pero…. me tienes que decir donde estás en cada momento para que yo no sufra (confianza).

Por razones como ésta y porque nuestro entorno ha demostrado que existen peligros reales se han creado aplicaciones de seguimientos en móviles para poder”localizar” constantemente aquella persona de la cual nos preocupamos. El filo es tan sutil que su exageración tiene el nombre de “acoso” cuando lo practica alguien externo a nuestro círculo personal.

La sobreprotección, que es un instinto maternal primario, es muy útil cuando el bebé es inmaduro pero deja de tener sentido cuando la autonomía del niño le permite hacerse cargo de sí mismo.

El hecho de enmascarar las experiencias peligrosas y no permitir que el niño decida personalmente ante ellas hace que él no pueda aprender cómo actuar ante estas situaciones y, en consecuencia, a la larga, este niño se puede convertir en un dependiente emocional de “la madre” que en la edad adulta puede substituir por “una pareja, un trabajo, ….” (reflejo primitivo activo).

Es totalmente necesario que cada niño pueda afrontar experiencias vitales de superación de sus propios miedos, sobre sí mismo o sobre su entorno, para poder madurar emocionalmente y aprender a gestionarlos de forma adecuada.

Si miramos a un niño indefenso de 18 meses, pongamos por caso, ¿qué sabe del miedo?

Todavía no ha tenido la oportunidad de ponerle palabras ni de expresarlo en un lenguaje apropiado para los mayores, sin embargo reacciona ante él de una forma natural y espontánea.

Cuando un niño va a casa de alguien o a un lugar que no conoce y reacciona con miedo, puede mostrar varias formas de actuar:

Podemos observar que se queda quieto, “paralizado” sin reaccionar para no llamar la atención. Esa es una estratagema de supervivencia de animales como la zarigüella o el mimetismo del camaleón. Quedarse quieto, mimetizarse con el entorno y no llamar la atención del depredador de turno es una de las formas de mantener la integridad de nuestro organismo en una situación de peligro real, aunque actualmente no existen en nuestras ciudades depredadores naturales que nos pueden comer, si existen peligros que nuestro cuerpo percibe y de los cuales nos protege con esta forma de reaccionar.

La reacción ante el miedo puede ser de otra forma: si es suficientemente pequeño para nosotros, podemos enfrentarnos a él llorando o “luchando”: una serpiente `pequeña y no peligrosa, una rata o un animal humano parecido: nuestro hermano, madre o…. Si es demasiado grande o poderoso para nosotros podemos huir: un león suelto, un padre tirano o una enfermedad, un juicio asfixiante para nuestros intereses o la muerte.

Cualquiera de estas situaciones, aunque ficticia, puede parecer real a una persona bajo estrés. Eso hace que viva continuamente con la sensación de “inseguridad” a flor de piel.

Cuando nuestro organismo “detecta” situaciones de peligro “sean éstas reales o no” fabrica hormonas estresantes.

Si esta forma de vivir es un hábito cotidiano, nuestro sistema puede tener dificultades para desintoxicar nuestro organismo de estas hormonas estresantes y puede desequilibrarse metabólicamente y acabar intoxicado por ellas, pues su cantidad de producción es superior a la posibilidad de “limpieza” de nuestro cuerpo. En este punto, el estrés se puede convertir en una enfermedad tópica:

A nivel físico: problemas de huesos (artritits, artrosis, osteoporiosis) o dientes o cabello….

A nivel emocional puede ser una fobia o una depresión.

A nivel mental: podemos generar creencias inamovibles para mantenernos en la posición de miedo de una forma plenamente justificada gracias a razonamientos lógicos.

Cuando llegamos a este punto la lucha contra el miedo se puede convertir en una tarea de titanes.

Lo más curioso de todo este proceso es que en ningún momento “reconocemos explícitamente” que nuestras reacciones de miedo están presentes en nuestras vida, pues la negación es otra cara habitual del miedo: si no lo nombro, si no lo reconozco, no está.

Esta forma de proceder hace que el miedo mine nuestra seguridad interna y nos movamos en un terreno resbaladizo, pues sentimos miedo, lo reconocemos por nuestras sensaciones pero no lo ignoramos porque no hablamos de él (es la complicidad del silencio) y por lo tanto no podemos hacer nada para superarlo de forma expresa.

El miedo se ha convertido entonces en nuestra guadaña mortal, pues tarde o temprano vamos a sufrir las consecuencias de nuestra actitud.

¿Cómo superar estas situaciones?

Procesar las emociones del miedo es el camino.

Podemos hacerlo con las herramientas que conozcamos o buscando ayuda de una persona de “nuestra confianza” con sentido común o una gran profesionalidad.

Podemos decidir hacer alguna acción que nos ayude a desbloquear este bloqueo íntimo para poder desarrollarnos en plenitud como seres humanos.

Las técnicas de trabajo que propongo en esta web, han demostrado ser herramientas eficaces para solucionar nuestros conflictos emocionales escondidos, incluido el miedo.

Así que podéis probarlas para mejorar vuestra calidad de vida. ¿Estupendo verdad?

 

Deja un comentario